“A lo mejor nos equivocamos rechazando una palabra, pero no es grave”

(¿En serio se han aceptado amigovio y papichulo?)

Esta tarde se ha presentado la vigesimotercera edición del Diccionario de la lengua española.

presentacion_diccionario_rae_2En lo que solemos centrarnos nosotros es en las novedades que se han incorporado (como tuitear, botellón, chupi, spá, blaugrana o papichulo), pero Pedro Álvarez, el director del nuevo diccionario, ha señalado al comenzar su intervención que eso es solo un aspecto superficial y no lo único relevante de la nueva edición.

Entonces, ¿de qué han hablado en la rueda de prensa?

  • De qué otras novedades presenta el diccionario además de las nuevas palabras
    • Novedades físicas (ni tiene el formato enorme de los antiguos ni se divide en dos tomos, como los más recientes. Esta vez es un solo libro de papel fino “semibiblia” para que quepan en él todos los artículos.
    • Novedades técnicas (tratamiento de la información ortográfica, morfológica…)
  • De cuántas palabras conforman el nuevo diccionario
    • 93.111 palabras
  • De cuántas enmiendas; de por qué tantas
    • Se pusieron 140.000 enmiendas, que afectaronn a más de la mitad de los artículos. Eso, han aclarado, no implica que más de la mitad de las palabras hayan cambiado desde hace unos años hasta ahora; significa que han revisado aspectos mejorables de todas ellas, desde la simple variación de una coma, hasta la completa definición de una palabra.
  • De cuántas consultas se han registrado al diccionario online este año
    • 43 millones
  • De si estamos o no ante la última versión impresa del diccionario
    • “Nadie puede responder ahora a eso”, ha contestado Ana Rosa Semprún, directora general de Espasa (editora del diccionario).
      • (Y para reflexionar más sobre este asunto nos han invitado a que sigamos las sesiones de “El futuro de los diccionarios en la era digital”, una de las actividades organizadas con motivo del tricentenario de la Academia).
  • De cuánto cuesta el diccionario
    • 99 euros.
    • Hay una versión más barata (70 euros), en dos tomos, pero es solo para América.
  • De cuáles han sido las mayores dificultades a la hora de elaborar el diccionario
    • Los americanismos y el intento de armonizar criterios para que haya una sola referencia.
    • La estructura interna, su coherencia; por ejemplo: “sería el colmo definir una palabra con palabras que no están en el propio diccionario”.
  • De cuántos americanismos incluye
    • 18.712 acepciones con alguna marca americana (sea general o sea de un país específico).
    • Dos ejemplos que publica esta noticia de El Mundo (aunque en el DRAE online no aparecen, supongo que porque aún está en fase de actualización).
      • Amigovio: “Persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo”
      • Papichulo: “hombre que, por su atractivo físico, es objeto de deseo”.
  • De las nuevas palabras que surgen por el uso de Internet 
    • ¿Y por qué tuitear sí pero Facebook o Google no? Ha preguntado una periodista. Muy sencillo, porque en España usamos tuitear pero ni decimos feisbuquear ni decimos guglear. Y “no vamos a adelantarnos a algo que todavía no ha ocurrido”. Ni creen que vaya a ocurrir con tanta facilidad. Simplemente porque en español no es tan fácil como en inglés convertir un nombre en un verbo (“to google”).
  • De la velocidad (o no) de los cambios en nuestro lenguaje
    • Históricamente hablando, “en 13 años en la lengua española no ha ocurrido casi nada importante”. Sin embargo, los cambios en el lenguaje a menudo son muy acelerados, a veces por la velocidad a la que modificamos nuestros hábitos de consumo de nuevas tecnologías y a veces porque, por otros motivos, el uso de un término puede llegar tan pronto como se va. El ejemplo que daban era la palabra argentina escrache, que en prensa adquirió de repente “una vida fulgurante”, pero que con el tiempo perdió adeptos. Por eso, argumentaban, la Academia decidió no incorporarla en la nueva edición del diccionario. Consideraron que era prudente esperar a que se extendiera más. “A lo mejor nos equivocamos al rechazar una palabra, pero no es grave, puesto que las actualizaciones electrónicas nos permitirán no tener que esperar otros 12 o 13 años para incorporarla al diccionario”.

Pues sí. Sería bastante absurdo tener que esperar a la edición impresa sabiendo que la velocidad real de los cambios es muy superior. Pero, por suerte, la RAE dispone también de un espacio en Internet donde seguir “fijando, limpiando y dando esplendor”. Que al fin y al cabo es lo que importa.

[En la rueda de prensa han intervenido el director de la RAE, José Manuel Blecua; el secretario, Darío Villanueva; el director del nuevo diccionario, Pedro Álvarez de Miranda; el secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española Humberto López Morales; y Ana Rosa Semprún, directora general de Espasa, editora del diccionario.]

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2 comentarios en ““A lo mejor nos equivocamos rechazando una palabra, pero no es grave”

  1. Pingback: 30 palabras que, contra todo pronóstico, están bien dichas | tienecajones

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